Por Bladimir Zamora Céspedes
En la ya prolongada historia de la trova cubana
abundan los juglares que comenzaron a entenderse con la lira, para cantar sus
cuatro cosas sencillas y universales, parapetados en los frágiles y menudos
pueblos donde nacieron, y donde comenzaron a estirar sus huesos y sus sueños.
Así ha sucedido con
Ariel Barreiros, el cienfueguero oriundo de Aguada de
Pasajeros.
Allí en su comarca, el ambiente construido que a derechas se puede
llamar urbano, está —por suerte— cercado por esos rotundos encantos de la
ruralidad que procuran al sencillo y sensible hombre de a pie sus mejores
instrumentos expresivos. En tal atmósfera han nacido y perduran las canciones
suyas.
Desde las primeras, mientras buscaba la música en las entrañas de los
relojes, todavía con la impericia del cantor poco curtido; hasta las más
recientes, cuando ya nadie puede dudar que es uno de los más significativos
trovadores de la Isla.
Durante muchos años la posibilidad de escucharle estuvo limitada a sus presentaciones en los encuentros organizados casi siempre por la Asociación Hermanos Saíz, o en esas descargas cómplices que los jóvenes
artistas cubanos se regalan con frecuencia a lo largo del archipiélago. Así se
comenzó a saber que Ariel se había labrado un discurso desde la ternura de la
niñez imbatible; sirviéndose del cual es, sobre todo, un hacedor de canciones de
amor; aunque no por ello, desde el sereno remolino de este sentimiento, deje de
alzar sus preocupaciones en otras direcciones.
Después de varios proyectos de
discos que no llegaron a salir de su imaginación, por fin la Empresa de
Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), en 2007, sacó a la luz Medio
lento, su primer álbum, de doce canciones; la mayoría de las cuales son de
aquellas que siempre le hemos reclamado en las infinitas canturías : "Niña", "La
canción del guardavías", "5to regimiento", "Paula", "Otra historia", "Brujería",
"Intentándolo", "Medio lento", "María", "Un hombre", "Ágape" y
"Sobregirados".
Los arreglos del disco fueron hechos por David Álvarez y Lino
Lores. A decir verdad, uno se había a acostumbrado a la intimidad sensual de la
voz de Ariel, solo al amparo de la guitarra, y por eso sentía miedo de verlo
exponerlo a sonoridades de mayor volumen. Sin embargo, Álvarez y Lores le han
procurado un sobrio y eficaz entramado musical de acompañamiento, que contribuye
a enfatizar las cualidades interpretativas del trovador.
Contar con un disco
de Ariel Barreiros es una auténtica alegría para todos los amantes de la canción
de autor cubana y de todos los interesados por la música trascendente que crece
en nuestro suelo. Pero estamos, otra vez, ante un viejo problema, por decirlo de
alguna manera. El disco Medio lento apareció el año pasado y ni
siquiera es muy visible en las tiendas y mucho menos he conocido importantes
acciones para su presentación. Por otra parte, no he encontrado evidencias de
que la radio y la televisión nacionales se hayan ocupado de promoverle.
No
por ello el trovador dejará de componer en su Aguada de Pasajeros, ni de cantar,
pero no es justo mantenerlo alejado de un ya probado y abundante público
interesado en su quehacer.
FUENTE: CAIMAN BARBUDO
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